Hace varios días publique en mi facebook un post que decía: “Por el respeto a las
mujeres Colombianas especialmente a las chicas de la selección y por el respeto
al feminismo no quiero ser un cómplice del machismo imperante de los medios, es
lo poco que puedo hacer en protesta por lo que muchos criticábamos en nuestros
muros #NoVeoPartidoCopaAmérica y tampoco
daré me gusta o comentaré cualquier título de periódico o medio
machista... me siento llamado a la coherencia”.
Hoy como todos los días me levante y como
de costumbre los muros del Facebook y las redes sociales estaban inundadas de noticias deportivas, ¿qué puedo decir?, qué me
entristece la derrota de la selección femenina, qué me alegra que la
selección masculina haya ganado o qué nuestra conciencia olvida lo que en nuestro discurso a veces suena bonito.
Ayer Mauricio Albarracín publicó una columna
sobre la segregación y el olvido del futbol femenino, creo que se quedaron
cortas las líneas para recoger la indignación
que muchos hemos sentido. Hemos sido una
nación misógina desde sus inicios y esto solo es un síntoma de un mal que esta mucho más arraigado en
nuestra cultura, ya desde que yo era un niño presentía el machismo galopante e
imperante que está arraigado a este
deporte, especialmente cuando la religión y la educación han sido el hilo
conductor de semejante esperpento.
La crisis de identidad nacional se alimenta
a diario con estos síntomas y es solo en este tipo de eventos que ella
encuentra su alivio; Que las mujeres no sean reconocidas en un deporte que es
netamente masculinizado es la clara
evidencia de la dominación que las
minorías viven en Colombia y de paso me
imagino que en el resto de países
de América Latina. El olvido a
las mujeres es el mismo olvido que
tenemos hacia lo que pasa con los y las afrocolombianas del Chocó y el Cauca o los indígenas de nuestro
territorio que mueren de hambre. ¿Sabía usted que al menos 2500 personas
marcharon el pasado viernes en Tumaco para pedir la
Paz? o quizás no nos dimos por
enterados que el pasado lunes 15 de junio las comunidades indígenas y afrocolombianas hicieron una
carta abierta al gobierno para
reclamarle su falta de representación en los diálogos de la Habana. Otro claro
ejemplo es la manera en que se pasó por alto el gran logro que obtuvieron las
personas Transgénero la semana pasada con el reconocimiento civil de su
identidad sexual o de género en las
cedulas de ciudadanía; evidentemente como no era el matrimonio el que
estaba en juego no hicieron todo un despliegue periodístico, pero yo puedo decir
que les anotamos a la sociedad, el gol más
grande en la lucha por el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI.
Las minorías en Colombia a los medios poco les
interesan, pues la trascendencia que le dieron a estas noticias no fue muy relevante, sencillamente porque las minorías
no son un producto que genere rating o miles y miles de lectores.
Es allí
donde la clara dominación masculina encuentra su fuente vehicular, pues el
machismo del futbol, es la misoginia de los medios y lo que es más triste aún,
nosotros contribuimos y alimentamos estos fenómenos, pues nuestra misma
alienación a ellos consolida la
violencia contra la mujer, la discriminación de las minorías sexuales y raciales.
Yo siento un malestar y sobre todo impotencia
cuando el Facebook se llena de tricolor
y nacionalismo solo cuando juegan estos “machos” que al final de un partido se
agarran a golpes y dejan clara evidencia
que esa construcción de lo masculino pasa por la violencia, “venga
marica y lo arreglamos a los golpes o a los empujones” porque así es que
demuestro que soy un verdadero hombre y
quien es el que manda acá, reconózcanme soy un hombre y no me dejo de nadie,
soy un macho latino.
Esto se agudiza muchísimo más cuando desde las
cuentas de twitter, Facebook, la radio o la televisión terminamos diciendo que
Neymar se lo busco, o que eso le pasa por “marica” como lo escribió una persona
en el twitter. Como si la victoria borrara de nuestras mentes la violencia o
peor aún como si para obtener la victoria necesitáramos de la violencia.
Monsieur Corbatín (WRD)

