Esto produjo
en mí una escala de valores
proporcionados por aquel sistema heteronormativo, cosa que me parecía absurda,
cosa que no entendía pero que empezaba a alienarme en el arraigado machismo de la cultura en la que crecí.
Más adelante cuando tuve la
posibilidad de experimentar mi libertad comprendí que para defenderse de los ataques y ofender a alguien en su masculinidad solo
bastaba compararle con una mujer usando adjetivos en referencia a lo femenino y esa
sería una perfecta venganza, eso
aprendí en el medio hostil en el que crecí como un mecanismo de defensa a las
burlas y las opiniones de aquellos que me insultaban por lo que yo era en mi esencia y digo era,
porque con el tiempo descubrí que mi esencia era algo diferente a lo que otros
querían hacerme ver y entender.
Años después cuando tuve la
oportunidad de conocer un poco más del “
mundo al que pertenecía” descubrí que no
había mucha diferencia, pues la
diversidad que allí se albergaba daba para que este tipo de situaciones se repitieran , esto me dejaba claro que la
escena teatral machista se
repetía , que ella había sido capaz de penetrar y de transmutarse entre una sigla en la
que teníamos que acomodarnos todos lo que no pertenecíamos al gusto sexual que la tradición
nos quería asignar (heteronormatividad).
Así fue como descubrí que el pronombre “el” pasaban hacer “ella” y
viceversa, por ende lo femenino quedaba como algo menospreciado; además
para repetir la burla y
aumentar así un poco más la perversa
idea de que todos los
seres humanos (hombres) que tienen
preferencias sexuales por los
hombres deben ser llamados “ellas”, o que los seres humanos (mujeres) que tienen
preferencias sexuales por las mujeres deben ser llamados “ellos” esto dio paso así a dos conceptos vulgares que desde que tengo uso de
razón se usan en el argot popular para tildar a todo lo que se sale de la heteronormatividad Marica (él) y Machorro (ella).
Estas dos palabras no suenan
igual si se usan en diferentes contextos, claro el lenguaje tiene unas maneras
de ser que nos permite usarlas de
maneras flexibles, como se nos antoje. Algunas
veces es la pólvora de la
más tortuosa bomba de la discriminación y otras veces suena como una simple broma a
cualquier conocido ( en últimas tienen el mismo poder y efecto). A veces escribimos tan lindo o tenemos perfectos discursos sobre la discriminación,
los derechos, de como otros tienen que
respetarnos, ustedes no se imaginan cuantos niños y niñas
LGBTI en los ámbitos educativos primarios o secundarios son bombardeados
a diario por sus compañeros con estas
dos palabras, yo no sé si ustedes se alcanzan a imaginar lo doloroso que
puede llegar a ser para un niño o niña LGBTI el
acoso escolar o el bullyng a través del
lenguaje.
Pero por qué he traído esta reflexión con respecto al lenguaje, es
sencillo ni siquiera la propia sigla LGBTI ha sido capaz de emanciparse de esta tortuosa alienación discriminatoria, hace poco leía en algún blog
que en Theatron (famoso discoteca gay Bogotana) no le habían permitido la entrada a
una transexual solo porque sencillamente el sitio es muy “exclusivo”
cosa que no entiendo y me da razones de más
para criticar ese lugar que patrocina
la exclusión de las personas
diversas y no valora el componente completo de la sigla lgbTi.
Para nombrar
otro par de ejemplos de cómo
dentro de la sigla LGBTI
el irrespeto y la intolerancia son una constante vale recalcar que todo aquello que consideramos que no
corresponde a los que llamamos diversidad ( “gay” “lesbiana” o “trans”), lo que
no se asemeja a nosotros, simplemente lo reducimos o lo maltratamos a través del lenguaje, solo
basta mirar como en algún lugar alguien dice:
“-Esa Mario es una loca” o esa “Marina” si es
un Machorro y mírela como se viste y mírelo como se mueve, es que a mi si me
gustan es los hombrecitos no las locas, yo las prefiero femeninas no machos de
camión… puedo nombrar muchos ejemplos de cómo destruimos a través de nuestras
palabras a todos aquellos que hacen
parte de nuestra “minoría” sexual, por
sus ocupaciones laborales, procedencia familiar o social,
color de piel etc.
No podemos exigir respeto a lo que somos, sino lo entregamos nosotros mismos, hace una semana leí un articulo publicado en el periódico
el Tiempo donde el escritor gay John Bretter denomina a los
gays “locas” para él todo lo que no concuerde a su visión de ser gay debe ser denominado “loca” (véase http://www.eltiempo.com/carrusel/dos-visiones-sobre-elmatrimonio-entre-personas-del-mismo-sexo/14348876)
no hay razón para estigmatizar a las personas con el uso del
lenguaje, no es porque yo sea gay,
sino que creo que cualquier ser humano merece respeto por el simple hecho de ser un ser humano. Ayer también creció mi
indignación cuando de repente una cuenta
de twitter que tiene más de 36 mil
seguidores trina por segundo
mensajes que incitan a la burla de todos
aquellos que no son como nosotros.Entonces
viva la burla a la gorda, a la
flaca, al afro, al mestizo, al pobre, al que no se comporta como nosotros. Me queda una
insatisfacción personal pensar que intente hacerle caer en cuenta de su error pero no valió de nada este esfuerzo pues muchos LGBTI apoyan sus trinos, personas con niveles de educación que pasaron por las
universidades alagan sus burlas, esto es aún más triste, pero lo más triste al final es que una Transexual tenga tanta influencia en twitter y no lo sepa
aprovechar, no lo sepa encaminar al respaldo de iniciativas que destruyan la discriminación y disminuyan la estigmatización.
Para concluir y no ser pesimista puedo decir que hace unos meses una mujer con Barba
gano el concurso más importante de música en Europa y cuando hablo todo el mundo le escuchó pues su discurso
invitaba a eso, a no parar a luchar
por el respeto y la tolerancia no solo de los LGBTI sino todo el mundo, pero claro es simple ella sabe amarse y
respetarse; También hace algunas semanas
supe de una transexual Geena Rocero y solo puedo decir que tiene un
mensaje maravilloso desde su experiencia de vida que ayudará
a transformar el mundo.
Gente no lograremos el respeto de
nuestros derechos sino no empezamos respetándonos
en casa.